De repente me encuentro con ese maldito instinto, de atar palabras en esperanza de que marquen el camino a un choque de ambos, de esos casuales intencionales, que te devuelven el aliento, escribo para darme el gusto esquivar las ganas, para resaltar el orgullo, para no caer en un acto fallido, una trama repetida. Sensación, de querer escribir una hoja nueva en un lugar donde solo hubo una oración. Y hay algo que te distingue de los otros, quizás la pasión, o mi maldita disponibilidad para actuar sin conocer, ni plantear papeles, la improvisación no es mala, y la llevamos bien, hasta la hora de subir al escenario y estrenar el cartel. No me gustan las despedidas, quizás por eso insisto, con este instinto de una revancha a la primera partida, de buscar otro resultado no reprimido. No dejo momentos intensos, guardados y sin abrigo. Hasta que siga esta lucha sin paz entre el orgullo y las ganas de descifrar besos a oscuras. Me veo enganchando palabras, revolviendo y como si fuera magia, descifro el camino más complicado, para desatar lo que fue, para jugar una revancha, para suspirar lo que no dije, para encontrarte y perder.
Ahora entiendo... porque costaba tanto... no era poesia.. era solo eso...
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